
Antes de dedicarme a la psicología trabajé durante años en bibliotecas. Fue una etapa muy distinta, pero de ella aprendí a escuchar, a hacer buenas preguntas y a intentar entender qué necesita realmente la persona que tengo delante.
Con el tiempo decidí reorientar mi trayectoria profesional hacia la psicología. Hoy trabajo presencialmente en Santa Cruz de Bezana y también en formato online.
A nivel personal, también he atravesado experiencias de pérdida y enfermedad que han influido en mi manera de entender el sufrimiento. Me ayudaron a comprobar algo que después encontré también en mi formación, y es que no siempre podemos elegir lo que nos ocurre o lo que sentimos, pero sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con ello y seguir orientándonos hacia aquello que nos importa.
Mi formación principal se ha desarrollado en terapias contextuales, especialmente en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), en MICPSY. Desde este enfoque no trabajamos únicamente con lo que una persona piensa o siente, sino con la función que esas respuestas tienen en su vida y con los patrones que pueden estar manteniendo el problema. El objetivo no es eliminar cualquier experiencia difícil, sino aumentar la capacidad para responder de una manera más flexible y orientada hacia aquello que importa.
Me he formado también en mindfulness y en programas basados en esta práctica, como MBSR y MBCT en Nirakara. Integro algunos de sus principios cuando resultan útiles para trabajar la atención, la relación con pensamientos y emociones y la capacidad de permanecer en contacto con la experiencia presente.
He realizado formación específica en duelo, un área que me ha permitido profundizar en la diferencia entre el dolor inevitable que acompaña a determinadas pérdidas y el sufrimiento que puede añadirse cuando intentamos luchar constantemente contra ese dolor o evitarlo.
Durante mi formación realicé prácticas en el ámbito de la neuropsicología, trabajando con personas con daño cerebral adquirido. Esta experiencia amplió mi forma de comprender cómo los cambios cognitivos, emocionales y vitales pueden interactuar entre sí.
Lejos de hablar en lenguaje complejo, mi forma de trabajar es cercana, clara y pegada a la vida real, para que lo que trabajamos en consulta pueda traducirse en cambios fuera de ella.
No nos quedaremos solo en entender qué te pasa. Trabajaremos con situaciones concretas de tu día a día, por ejemplo una noche en la que no duermes, una conversación que siempre termina igual, una preocupación que vuelve una y otra vez o una situación que empiezas a evitar.
Observaremos qué haces, qué te dice la cabeza, qué notas en el cuerpo y qué consecuencias tiene todo eso. A partir de ahí, iremos probando respuestas diferentes dentro y fuera de sesión y revisaremos juntos qué ocurre.
En la primera sesión intentaremos entender bien tu motivo de consulta, qué está ocurriendo ahora y qué te gustaría que fuese diferente. A partir de ahí, iremos acordando objetivos concretos y realistas.
En cuanto a la frecuencia, suelo comenzar con sesiones semanales, sobre todo al principio. Cuando el proceso está más asentado y los cambios pueden sostenerse mejor entre sesiones, podemos pasar a un ritmo quincenal. Lo iremos revisando según lo que necesites.
Lo iremos viendo en cambios concretos de tu vida. Puede ser dormir algo mejor, retomar algo que habías dejado, poner un límite, tomar una decisión, afrontar una situación que estabas evitando o responder de otra manera ante algo que antes te bloqueaba.
No mediremos el proceso solo por cómo te sientes, sino también por lo que empiezas a recuperar, hacer o afrontar de forma distinta.
No prometo cambios rápidos ni soluciones mágicas. La terapia requiere implicación y, muchas veces, supone acercarse a situaciones, emociones o decisiones que no son fáciles.
Mi compromiso es que trabajemos con objetivos claros, revisemos si lo que estamos haciendo te está ayudando y ajustemos el proceso cuando sea necesario.

Estoy al otro lado para escucharte y acompañarte durante el proceso. No se trata de que dejes de sentir aquello que te genera malestar, sino de aprender a relacionarte con ello de una manera diferente y encontrar formas de responder que te ayuden en tu día a día.
Si quieres, puedes pedir tu primera sesión o escribirme si te surge alguna duda. Valoraremos de forma conjunta qué puede encajar mejor contigo.

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